El baccarat, que surgiera en Italia y fuera extendiéndose primero a Francia, luego a EEUU y después al resto del mundo, es un juego que aún hasta el día de hoy mantiene una cierta atmósfera de sofisticación y glamour. Las mesas de baccarat están ubicadas en zonas privilegiadas de los establecimientos de apuestas, en donde la decoración está afín con el tipo de jugadores. En todas estas mesas de baccarat hay que respetar la vestimenta formal, e incluso el croupier está vestido más elegantemente que en otras mesas.
Dentro de este contexto de ostentación y riqueza, los jugadores de baccarat han sido clásicamente muy adinerados, realizando apuestas increíblemente grandes. Son muchos los cuentos que hay en relación a apuestas inmensas en el mundo del baccarat.
Tal vez uno de los jugadores de baccarat más famoso en este aspecto sea Akio Kashiwagi, apodado "el guerrero". Su hazaña más notoria fue en el año 1990 cuando ganó seis millones de dólares jugando baccarat en una mesa del Casino Trump Plaza de Atlantic City. Según comentan, Kashiwagi apostó nada más y nada menos que una suma de 200 mil dólares por mano y se fue con seis millones en el bolsillo.
De todas formas, ni los más adinerados pueden comprar a la suerte, porque unos meses luego de haber logrado tales ganancias, Kashiwagi pierde 10 millones en otra noche de baccarat. Sin embargo, declaró que valió la pena por la diversión que obtuvo jugando. |